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Después de un año de enfermedad, por desgracia mi abuelo falleció el 17 de septiembre de 2004, si la lista de espera fue o no parte primordial para el avance de su tumor, es otro tema distinto al que me gustaría tratar, la falta de experiencia del personal sanitario con las personas moribundas y/o enfermedad terminal.
En el tiempo que duró su enfermedad mi abuelo estuvo hospitalizado en 5 o 6 ocasiones en los hospitales de Écija, Osuna y Sevilla, a pesar de la desesperación de ver cómo la vida se escapa por una lista de espera interminable, el trato durante todo el tiempo fue bastante bueno, incluso en algunos casos incluso se denotaba cariño, el problema llega cuando se diagnostica una enfermedad incurable y en estado terminal.
“No se puede hacer nada, es cuestión de tiempo, lo siento”, estas palabras son las peores que puede oír un familiar de un enfermo, tras la aceptación, bastante difícil por cierto, llega la necesidad de hacer que tu ser querido pase las últimas semanas de vida de la forma más digna, esta “sencilla” tarea se hace todavía más difícil si estos últimos días han de pasarse en un hospital, frialdad, falta de intimidad, horarios impuestos, restricciones en la visitas,… en fin una odisea. Al contrario de lo que puede parecer el personal sanitario NO está preparado para satisfacer las últimas horas de un paciente, y a las pruebas me remito;
A falta de poco menos de dos días para la muerte de mi abuelo, los dolores de la enfermedad terminal se hacen insoportables, lo que “supuestamente” era mejor para el enfermo era la sedación con morfina, una fría conversación te comunica que una vez sedado puede ser que jamás despierte, la desesperación se hace presa de los familiares, y las lágrimas se ahogan en un clima de ficción el que todo el mundo juega al despiste con el paciente, mientras otros corren por compartir sus últimas miradas, sus ultimas palabras, en fin,… si es lo mejor se hará, y ese consentimiento parece ser la llave para que los sanitarios se olviden de que “lo que” está postrado en la cama es un ser vivo, moribundo pero todavía vivo, que se merece un respeto, que tiene sentimientos y que su familia lo quiere.
Las enfermeras que trataron a mí abuelo fueron hasta ese momento un alivio para él, pero desde su sedación fueron una pesadilla, nadie entraba en la habitación, nadie explicaba nada, nadie aliviaba las ultimas horas de vida del que para mi fue mi abuelo, pero para ellos el de la cama 2 de la 617, para sorpresa del personal sanitario lo que iban a ser unos minutos antes de dormirse, se convirtieron en horas, en las que mi abuelo comió, bebió, habló, pidió sus gafas para ver lo que él sabía serian sus últimas horas y se despidió, se había dormido, pero su naturaleza sedada pero viva , le hacía despertar cada poco tiempo, pidiendo que lo sentaran en la silla, suplicando “literalmente” que no lo acostaran, los familiares pedimos se tuvieran en cuenta sus peticiones pero la respuesta fue “si hombre, y si se muere quien lo pasa a la cama”, pues ustedes señores, pues ¿no cobráis un sueldo por eso?, ¿ni siquiera le vais a dar la dignidad de morir?, para ellos era trabajo extra, pero para mi abuelo eran los últimos minutos de su vida ¿Quién tiene derecho a decidir por el?, su palabras eran su última voluntad, y eso no es todo tras la negativa a cumplir su último deseo, mi abuelo seguía luchando por levantarse de la cama, y ¿qué encontró por respuesta? Una subida de la dosis de la morfina mientras el personal susurraba “ya verás como ahora no te mueves”, pero todavía no fue suficiente, mi abuelo pasó toda la noche queriendo levantarse, y volvió a despertar nos habló y como despedida nos dio un beso para mi el recuerdo más dulce de mi vida, insistía en levantarse, y nuevamente consiguió un no por respuesta y todavía peor, vinieron dos enfermeras y tratándolo como un mero trozo de carne, le dijeron “Luís nunca te hemos visto así, como sigas así te vamos a amarrar” nunca en mis veinticinco años había visto los ojos de mi abuelo con tanta desesperación, buscando a su familia con la mirada para que mediaran, pues prácticamente no podía hablar, todos lo tranquilizábamos y suplicábamos a las enfermera que no hicieran eso, que era el temor de mi abuelo, él entre balbuceos solamente podía decir “no por favor, que no voy a hacer nada sólo quiero sentarme, acostado no por favor”, y las amenazas de las enfermeras fueron más allá “Luís te has hecho pipí , pues venga un pañal y te amarramos”, “no por favor, no, dejar que me siente, me quiero sentar” nunca se me olvidaran esas suplicas de mi abuelo y los oídos sordos de las enfermeras, probablemente esperando el final de turno, sin darse cuenta de que para él esos últimos minutos de su turno eran los últimos de su vida. Minutos después la muerte era inminente, se durmió y comenzó a sudar, la cama estaba mojada, la ropa también, su cuerpo chorreaba, pedimos por favor que lo lavaran, tres horas (de reloj) después de nuestra petición nadie apareció, pues para que lavarlo si iba a morir de un minuto a otro, y así fue, finalmente lo lavaron y una media hora después mi abuelo murió y ya nunca podrá volver a sentarse. Su última voluntad no se cumplió, y las enfermeras acabaron su turno, volvieron a su casa y con los suyos y a final de mes cobraron, cobraron por no cumplir la última voluntad de un moribundo, pero mi abuelo nunca volverá y nunca podrá volver a sentarse en aquel sillón negro frente a la ventana, ¡que deseo más sencillo y que dejadez por parte de las enfermeras!.
¿Dejadez o falta de formación? Ni lo sé ni me importa, ya no merece la pena, sé que no todos son así, sólo espero que sólo fuera un día de esos tontos en los que uno no tiene ganas de trabajar, en algunos trabajos se quedan algunas llamadas sin hacer o algún presupuesto sin pasar y en este trabajo en la medicina, un ser humano muere sin ser escuchado, ni respetado, pero que más da.
¿Qué puede hacer la familia? Nada más que suplicar sin que nadie la escuche, nada más que llorar sin que nadie los consuele, nada más que sentirse impotentes de no poder hacer nada por esa persona que se va, nada más que arrepentirse, nada más que pedir que descanse en paz.

 

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